¿Qué son estos ciclos? Los ciclos fisiológicos han sido estudiados ampliamente por científicos como el sueco Are Waerland, por T. C. Fry, del American College of Health Science, por el psicólogo Gay Gaer-Luce en sus escritos sobre los relojes biológicos y por miles de científicos que se han ocupado de los ritmos del funcionamiento del organismo. La información proveniente de estas fuentes es la base de mi idea de que la capacidad humana para procesar sus alimentos se funda en el funcionamiento eficaz de tres ciclos regulares cotidianos.
Estos ciclos se basan en funciones corporales bastante obvias. Para expresarlos con la mayor simplicidad posible, digamos que diariamente ingerimos alimentos (apropiación), absorbemos y usamos parte de ellos (asimilación) y nos libramos de lo que no usamos (eliminación). Aunque cada una de estas funciones está, en alguna medida, continuamente en marcha, cada una de ellas se intensifica durante ciertas horas del día.
De 14 a 22 horas: APROPIACIÓN (ingestión y digestión)
De 22 a 06 horas: ASIMILACIÓN (absorción y uso)
De 06 a 14 horas: ELIMINACIÓN (de desechos corporales y restos
de alimentos)
Nuestros ciclos corporales pueden llegar a resultarnos evidentes con sólo prestar atención a cómo actúa nuestro cuerpo. Es obvio que comemos (nos apropiamos) durante las horas de vigilia, y si postergamos la hora de la comida, el hambre tiende a ir en aumento a medida que transcurre el día. Cuando dormimos y el cuerpo no tiene que hacer ningún otro trabajo manifiesto, está asimilando lo que tomó durante el día. Por la mañana, cuando nos despertamos, tenemos mal aliento y, en ocasiones, la lengua sucia porque el cuerpo está en mitad del proceso de eliminación de lo que no fue usado, de los desechos corporales.
¿Notaron, alguna vez, lo que sucede cuando cenan tarde? Al despertar uno se siente atontado, como “drogado”, porque se ha interrumpido el ciclo de asimilación, que se produce después de que la comida ha salido del estómago. Fisiológicamente, nuestro cuerpo quiere comer temprano por la noche, de manera que puedan pasar por lo menos tres horas, el tiempo necesario para que la comida salga del estómago, y el ciclo de asimilación pueda empezar a su hora. Como los alimentos no han sido digeridos porque se ha cenado muy tarde, no están listos para ser asimilados.
Han extendido el ciclo de apropiación más allá de sus límites y postergado el ciclo de asimilación extendiéndolo hasta la hora en que el cuerpo quiere estar eliminando. Los ciclos regulares de ocho horas se han alterado. Como se ha obstaculizado el funcionamiento natural del cuerpo uno se despierta «drogado». De la misma manera, al saltear alguna vez el desayuno, es probable que pueda aguantarse hasta el almuerzo, porque el cuerpo estaba eliminando, y no quería comer. Sin embargo, pasarse de la hora del almuerzo sin comer sería incómodo, porque entonces el cuerpo ya habría entrado en el ciclo de apropiación y estaría preparado para aceptar alimento.
Lo ideal sería tener un desayuno con abundante frutas y zumos, un almuerzo bueno y una cena (dentro del rango de horario para la asimilación), abundante. De todas maneras, cada ser es ú nico y puede encontrar su propio ritmo.
Estos ciclos se basan en funciones corporales bastante obvias. Para expresarlos con la mayor simplicidad posible, digamos que diariamente ingerimos alimentos (apropiación), absorbemos y usamos parte de ellos (asimilación) y nos libramos de lo que no usamos (eliminación). Aunque cada una de estas funciones está, en alguna medida, continuamente en marcha, cada una de ellas se intensifica durante ciertas horas del día.
De 14 a 22 horas: APROPIACIÓN (ingestión y digestión)
De 22 a 06 horas: ASIMILACIÓN (absorción y uso)
De 06 a 14 horas: ELIMINACIÓN (de desechos corporales y restos
de alimentos)
Nuestros ciclos corporales pueden llegar a resultarnos evidentes con sólo prestar atención a cómo actúa nuestro cuerpo. Es obvio que comemos (nos apropiamos) durante las horas de vigilia, y si postergamos la hora de la comida, el hambre tiende a ir en aumento a medida que transcurre el día. Cuando dormimos y el cuerpo no tiene que hacer ningún otro trabajo manifiesto, está asimilando lo que tomó durante el día. Por la mañana, cuando nos despertamos, tenemos mal aliento y, en ocasiones, la lengua sucia porque el cuerpo está en mitad del proceso de eliminación de lo que no fue usado, de los desechos corporales.
¿Notaron, alguna vez, lo que sucede cuando cenan tarde? Al despertar uno se siente atontado, como “drogado”, porque se ha interrumpido el ciclo de asimilación, que se produce después de que la comida ha salido del estómago. Fisiológicamente, nuestro cuerpo quiere comer temprano por la noche, de manera que puedan pasar por lo menos tres horas, el tiempo necesario para que la comida salga del estómago, y el ciclo de asimilación pueda empezar a su hora. Como los alimentos no han sido digeridos porque se ha cenado muy tarde, no están listos para ser asimilados.
Han extendido el ciclo de apropiación más allá de sus límites y postergado el ciclo de asimilación extendiéndolo hasta la hora en que el cuerpo quiere estar eliminando. Los ciclos regulares de ocho horas se han alterado. Como se ha obstaculizado el funcionamiento natural del cuerpo uno se despierta «drogado». De la misma manera, al saltear alguna vez el desayuno, es probable que pueda aguantarse hasta el almuerzo, porque el cuerpo estaba eliminando, y no quería comer. Sin embargo, pasarse de la hora del almuerzo sin comer sería incómodo, porque entonces el cuerpo ya habría entrado en el ciclo de apropiación y estaría preparado para aceptar alimento.
Lo ideal sería tener un desayuno con abundante frutas y zumos, un almuerzo bueno y una cena (dentro del rango de horario para la asimilación), abundante. De todas maneras, cada ser es ú nico y puede encontrar su propio ritmo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario